El español
El español suele parecer fácil de abordar para un público europeo: alfabeto familiar, numerosas palabras transparentes y una estructura de frase legible. Pero esa impresión de sencillez oculta una verdadera complejidad de uso. Entre las variaciones de registro, las diferencias entre el español de España y el de América Latina, y los numerosos falsos amigos, una traducción demasiado literal se vuelve torpe con rapidez.
El español admite una gran flexibilidad sintáctica, sobre todo en el orden de las palabras y en la expresión del sujeto, que a menudo se omite porque las desinencias verbales ya lo indican. Esa flexibilidad no significa que todo se traduzca palabra por palabra. Los tiempos verbales, las perífrasis y los matices de intensidad cambian notablemente el tono de una frase. Una traducción correcta busca la naturalidad antes que la mera correspondencia léxica.
Además, el español tiene un uso idiomático muy marcado en los contextos cotidianos, comerciales y comunicativos. Para traducir con eficacia hacia o desde el español hay que reconocer las fórmulas fijas, evitar los calcos entre lenguas romances y adaptar el nivel de lengua al público real.